viernes, 19 de enero de 2018

el reto del publicista es expresar mucho con pocas palabras

Mi querida estudiante Carmen Vásquez Uriol de la Universidad César Vallejo me sorprendió entrevistándome el pasado jueves 18 de enero, prometiéndome “una entrevista al paso” para un portal web en el que viene trabajando. Al final terminó extendiéndose más de la cuenta, halagándome por el interés hacia un comunicador-docente aficionado al cine y a la literatura cualquiera. He aquí la transcripción literal.   

el reto del publicista es
expresar mucho con pocas palabras
Una cosa es ser periodista y otra publicista. Cuando Alfieri Díaz ingresó en el mundo de la publicidad, su vida profesional cambió. De ir tras entrevistas y reportajes a conceptuar avisos en prensa, radio y televisión. De la pirámide invertida a la espiral publicitaria. De las aglomeradas conferencias de prensa a las ideas persuasivas al servicio de una marca. Aunque claro, las buenas ideas nunca le faltaron. Con la camisa azul a cuadros blancos, zapatos marrones, jeans, un reloj y los típicos lentes que le dan el aire intelectual; Alfieri es comunicador social de profesión, amante de la literatura borgeana, fanático de The Beatles, cinéfilo y escritor empedernido. Autor de Entre Alacranes y Crucificciones, también lleva una extensa labor como docente en las cuatro principales Facultades de Ciencias de la Comunicación de Trujillo —Universidad Privada del Norte, Universidad César Vallejo, Universidad Nacional de Trujillo y Universidad Privada Antenor Orrego—, marcando un hito catedrático inédito hasta la fecha. Si bien la mayoría de sus alumnos lo catalogan como ‘capo’, dista mucho de ser una persona soberbia. Es más bien un tipo amable con el cual se puede entablar una conversación sobre cualquier tema en general.

¿Cómo así surgió el gusto por la publicidad?
La publicidad me ha gustado desde siempre, pero nunca me imaginé que iba a terminar dedicado a la creación publicitaria. Llegué a la profesión de una manera aleatoria, no directa. En agosto de 1998 me convertí en otro provinciano en Lima en una agencia de publicidad que necesitaba de un periodista pues habían firmado un convenio con El Comercio para editar suplementos publicitarios. Mi contacto con el área creativa y de arte hizo que me interesara por la redacción de copys publicitarios.

¿Le gusta más la publicidad que el periodismo? 
No, me gustan las dos profesiones. Si bien con los años me he especializado en publicidad, todavía hago periodismo y de cuando en cuando me publican columnas de opinión. Lo que a mí me gusta es escribir; el periodismo y la publicidad son formatos distintos de expresión, pero ambos destilan la misma pasión por la combinación de palabras y la creación.

¿Cómo tomó usted esta nueva experiencia de periodista a publicista? 
Me costó mucho en un principio porque son técnicas muy distintas. Tuve que aprender el don de la concisión porque la regla de oro en la publicidad es decir mucho con poco texto. Debo reconocer que aprendí mucho de Héctor Molina, mi primer director creativo y de John Faya, mi primera dupla en Arte. Ingresé en agosto a la agencia y creo que mi consolidación llegó en noviembre de ese mismo año cuando quedamos entre las cinco duplas finalistas del primer Concurso Young Creatives Cannes, organizado en el Perú.

¿Cuáles considera que son los principales elementos para que una campaña publicitaria sea exitosa?
Conocer el producto y conocer el público objetivo al cual te diriges, eso que conocemos como insight. El insight es el inconsciente colectivo que comparte determinado segmento sin saberlo, son esas verdades ocultas que hay que aprender a descubrir. La estrategia parte de una investigación, de un conocimiento profundo, y luego lo plasmamos en una idea que sea fresca y original, aunque vale reconocer que el noventa y cinco por ciento de los mensajes publicitarios optan por el facilismo o los caminos ya recorridos. Los clientes prefieren invertir su dinero por el camino rentable que por el camino innovador que presenta un cierto grado de riesgo.

¿Cuáles cree que son las mejores tendencias para hacer publicidad?
Yo no creo que haya una forma superior de “hacer publicidad” y menos creo en las tendencias. Las tendencias son modas que tienen vigencia en un determinado espacio de tiempo y luego mutan o son superadas por otras. Yo no creo que la publicidad haya cambiado gran cosa en los últimos cinco mil años. Lo que cambian son los gustos y el comportamiento del consumidor, los medios de comunicación y quizá la forma de abordar a las distintas audiencias, pero la concepción de mensajes persuasivos sigue siendo la misma. Una letra como I'd like to teach the worl to sing in perfect harmony... que lanzó Coca-Cola el año que nací, funcionaría hoy a la perfección, cuarenta y seis años después.

¿A qué se debe que la imagen de la mujer sea utilizada en la publicidad como un estímulo sexual?
Porque somos seres sexuales que nos movemos por nuestros instintos primarios. Durante años la publicidad le ha dicho al consumidor “adquiere determinado producto y conseguirás a la chica”, pero felizmente y gracias a los colectivos feministas el sexismo ha disminuido bastante, lo vemos en el rubro de cervezas y otras bebidas alcohólicas donde la presencia de féminas en diminutas prendas a disminuido bastante por mensajes como “tenemos barrio” o el de “los jueves de patas”. A mí me agrada hacer uso del sexo en la publicidad —total, el sexo es parte primordial en nuestras vidas— pero de una manera inteligente y creativa, no de una forma burda y primitiva.

¿Qué opinión tiene de la publicidad peruana?
Muy buena. A pesar que a veces pecamos de racistas, sexistas o lo que es peor, exageramos, mentimos u ocultamos información al consumidor, creo que a lo largo de la historia hemos tenido campañas memorables y entrañables como “Frunacatoinga”, “disculpa la pregunta que me aboco, ¿es un Cocoroco lo que toco?”, “Malta Polar, te pone oso” o “Paracas, más papel de punta a punta” con la narración de Óscar Artacho.   

Y en Trujillo, ¿cómo ve el desarrollo de la actividad publicitaria?
También ha mejorado, cada vez se nota más profesionalismo y no es para menos, gracias a la cantidad de comunicadores que egresan de las aulas en nuestra localidad. El problema principal es que las empresas publicitarias en nuestro medio no se logran consolidar. Duran, en el mejor de los casos, cuatro o cinco años y luego desaparecen. El negocio publicitario se está atomizando cada día más, no sólo en provincias si no también en Lima. El año pasado muchas agencias tradicionales se han visto obligadas a reducir su personal y otras como Causa —la pionera— a cerrar sus puertas, tirando al inodoro sus setenta y cuatro años de trayectoria. Hay mucho independiente o FreeLancer que cuesta más barato y puede hacer la misma función que la agencia ‘grande’ por lo que la competencia se presenta más dispareja.

¿Qué tan efectivo es el uso de la publicidad en el cine?
Bastante, pero en el Perú empresas como Tondero hacen un uso muy forzado y poco creíble que pueden generar molestias en el espectador y traducirlos en una antipatía hacia la marca. Lo vimos en Asu Mare! con gente tomando Brahma en una década que no estaba la marca en el mercado o en su secuela donde se menciona las bondades de usar DirecTV en una pichanga. El único product placement simpático que he visto es el uso de ‘Ramón’, uno de los primeros cajeros automáticos del banco Continental en una película de época como Avenida Larco

¿Qué recomienda como publicista para hacer un uso correcto de product placement?
Tratando al espectador con respeto, no como un idiota que recibe mensajes publicitarios de forma forzada. El product placement debe inmiscuirse y transcurrir natural dentro de la trama, dando verosimilitud a la acción sin buscar protagonismo. Justo ayer vi una película con Goldie Hawn y Chevy Chase llamada Foul Play donde se coloca un microfilme dentro de una cajetilla de Marlboro por lo que la presencia de la marca no sólo es aceptada por el público, si no que genera expectativa al ver si descubren lo que contiene su interior.

¿Qué le falta al cine peruano para estar a la altura de otras cinematografías mundiales?
Me parece que en el Perú estamos en la consolidación de una industria cinematográfica. Se tiene a un público cautivo gracias a que no hacemos cine si no ‘Cinemarketing’, es decir, antes de hacer una película testeamos la trama e incluso la reacción de las principales secuencias para medir su aceptación o rechazo, garantizando un producto audiovisual que genere dividendos. Yo no me opongo que se haga este tipo de cine, pero debería darse mayor impulso al cine de autor con la finalidad de comenzar a construir un cine peruano como arte.

Usted ha escrito muchos cuentos, ¿cuál de ellos le gustaría que sea llevado al cine? 
Tengo alumnos que intentaron hacer un corto de Entre Alacranes, otro alumno hizo un audio-video con El códice de Apar-Nii, pero particularmente me gustaría que alguien hiciera algo con Una lección de Maldad o con Bjarnaland, relato de un viejo aventurero español que llega al reino de las Amazonas y que necesitan de su semen para la preservación de una raza moribunda. Escrita en otro tiempo quizá podría haber sido filmada por Werner Herzog y protagonizada por Klaus Kinski, mismo Aguirre, der zorn Gottes.

miércoles, 17 de enero de 2018

adiós al fútbol ilustrado

Mi primer El Gráfico. Se
extravió de la misma forma
como apareció en mi vida.
Nunca supe —ni pregunté— cómo llegó ese número de la revista El Gráfico a mi casa. Apareció como si algún Dios del Fútbol lo hubiese llevado con la firme intención que un imberbe de doce años apenas aficionado se convirtiera en un firme prosélito al deporte más bello del mundo, ya no sólo a través de los partidos de la selección peruana si no a través de la lectura; a partir de ese momento el fútbol ya no se convertiría solamente en una afición para ver si no también para leer. 


...Y cumplió su objetivo. Tras 18
años, River volvió a gritar
¡Campeón!
Como repito, me percaté de esa edición de El Gráfico a fines de 1984. La carátula legible pero desteñida por una inapropiada exposición al Sol. No obstante podía distinguirse que el tono melón de las letras El Gráfico, había sido en algún momento de un anaranjado más intenso, al igual que la fotografía frontal de Carlos Reutemann dentro de su monoplaza Brabham, haciendo una loa del argentino que más cerca acarició la gloria de Fangio. No fue la primera revista deportiva que ´cayó en mis manos. Rafo Montoya, el mejor amigo de mi hermano, conversaba conmigo sobre fútbol y me prestó dos ejemplares de Ovación —la entrañable revista de Pocho Rospigliosi— que databan de la época en que Orlando Romero peleó contra Mancini en el Square Garden y el Flaco Malásquez anotó un golazo en el Centenario por la Copa América. Esas dos revistas —que fiel a mi mala costumbre nunca se las devolví— todavía las conservo, pero no esa mágica edición de El Gráfico que databa de enero de 1975, al poco tiempo desapareció de la misma forma como apareció de mi colección, sin dejarme una explicación, sin darme siquiera una pista de lo que pudo pasar con ella, mas el tiempo que pasamos juntos fue decisivo para mí básicamente por tres artículos: el inicio del proceso Menotti que terminaría dándole a Videla el título mundial, el análisis del River Plate de Labruna bajo el titular: “Si agarro River es para salir campeón” que siempre tengo presente cuando asoma en Alianza una sequía de títulos ya que el equipo de Núñez arrastraba en ese entonces dieciocho años sin dar la vuelta (y finalmente campeonó) y, sobre todo, el análisis del fútbol del año que se había ido, contagiándome el embelesamiento por el llamado ‘Fútbol Total’ practicado por la ‘Naranja Mecánica’. 

Última edición anunciada con
Ariel Holan, el técnico que
devolvió al 'Rojo' la Gloria.
En compensación con tan sentida ausencia en mi colección, comencé a adquirir varias ediciones de El Gráfico de segunda o tercera mano, enriqueciendo mi colección con sus coberturas extraordinarias de los mundiales de Argentina '78 y de México '86. Lamentablemente no gozaremos del testimonio de la revista fundada por Constancio C. Vigil Copa del Mundo de Rusia, pues sus actuales propietarios han anunciado que una aventura editorial con casi noventa y nueve años de antigüedad y 4489 números impresos llega a su fin al anunciar en el presente enero su última edición impresa. Al igual que otras revistas legendarias, El Gráfico sucumbe en estos tiempos de lectoría por Internet. Una institución del periodismo deportivo de Argentina y todo el Mundo acaba de perder el partido del mercado y a los nostálgicos que gustamos del deporte de papel sólo nos queda resignarnos ante este escenario muy bien graficado por el filme The Secret Life of Walter Mitty de Ben Stiller. Duele por el futuro de las revistas en general, pero hay que aceptar que hace rato que las crónicas deportivas juegan por Internet.       

lunes, 25 de diciembre de 2017

divide et impera

A mediados de diciembre Pedro Pablo Kuczynski asomaba como un cadáver político. Tras la revelación de los pagos de Odebrecht a sus empresas personales cuando era ministro de Toledo, parecía que no le quedaba otro camino que la renuncia o la vacancia. Por la simpatía que el personaje me generaba en ese momento pensé que iba a tomar el mismo camino que Richard Nixon (que renunció por mucho menos), no obstante el presidente decidió tomar otro camino, el de aferrarse al poder por lo que se suponía que correría la misma suerte que Abdalá Bucaram o Fernando Lugo, amenazando incluso con que si lo vacaban, con él se irían también sus vicepresidentes Martín Vizcarra y Mercedes Araoz por lo que el fujimorista Luis Galarreta, como presidente del Parlamento, asumiría la primera magistratura y cómo la Constitución manda le quedaría convocar a Elecciones en octubre de 2018.

Salvo una falta mayúscula o una afrenta personal, la simpatía por un personaje no se disipa así nomás. Mi filiación con PPK se remonta a su buena gestión como ministro de Toledo, convirtiéndose en el principal artífice de la recuperación económica del país y que viviéramos un crecimiento sostenible a lo largo de la primera década de este milenio. Hijo de un médico alemán filántropo que se dedicó a erradicar enfermedades tropicales en la selva, estudiante de Economía y Filosofía en Oxford, reconocido financista en Wall Street, magíster en la Universidad de Princeton, graduado de piano y flauta en el Royal College of Music, primo carnal de Jean-Luc Godard, primo ‘político’ de Jessica Lange por parte de su esposa Hope Lange. protagonista (no muy santo) de los dos gobiernos de Belaúnde Terry, hincha confeso de Alianza Lima... por todos estos pergaminos me comí el cuento de que estábamos ante un candidato ‘de lujo’ y lo apoyé en la primera vuelta de 2011 y en primera y segunda vuelta de 2016. Pensé que a pesar de su edad avanzada, era el hombre indicado en el momento indicado, aquel que tendría la visión moderna y progresista para llevar a un Perú con recursos al desarrollo social que tanto anhelamos. La empatía hace pues que uno sea indulgente y pueda pasar por alto ‘pecadillos’ en su hoja de vida como su participación en la famosa página 11 que favorecía a la IPC o la controvertida ‘Ley Kuczynski’ en desmedro a los intereses del país cuando fungió como ministro de energía y minas. Ingenuamente creí que el viejito lobbista antes de ingresar definitivamente en sus cuarteles de invierno, volcaría toda su experiencia y sus buenas relaciones a nivel internacional al servicio del país que lo vio nacer; lamentablemente tras año y medio de gestión en el que se han visto pocos avances y queda claro que en megaobras como el Aeropuerto de Chincheros sigue pensando en lobbies que favorezcan a los capitales extranjeros, se me hace difícil seguir apoyándolo. Creí que al quedar en evidencia las gruesas comisiones recibidas por sus asesorías a Odebrecht, Pedro Pablo asumiría su responsabilidad y le cedería el paso a Vizcarra, pero no, optó por aferrarse al cargo y no perder con ello la inmunidad que le otorga su investidura.

El proceso de vacancia, el pasado jueves 21, los peruanos lo vivieron como un partido en definición por penales y yo lo viví con sentimientos encontrados. Reconocía por una parte que PPK merecía ser vacado por ser un hombre de negocios antes que un presidente y velar por sus propios intereses antes que por los intereses de la nación, pero por otro lado aparecían como adalides de la moral y lucha contra la corrupción, el fujimorismo cavernícola, la mayoría abusiva en el Legislativo, la que con su política obstruccionista se había encargado de petardear al gobierno desde el principio, con un récord inusitado de ministros interpelados, que impedía todos los intentos de investigar a su lideresa (defendiéndola a capa y espada), la que cuenta con varios parlamentarios con ‘anticuchos’ con la Justicia. Si bien la vacancia había sido promovida por el Frente Amplio, fueron los fujimoristas Salaverry, Becerril, Bartra, Chacón y Salgado quienes se apoderaron de la moción. Ante la platea vimos pues a una sarta de presuntos corruptos, estafadores, coimeros pidiendo la cabeza de otro lobbista como ellos y debo reconocer que ante ese apane televisado mis simpatías volvieran a recaer en Kuczynski, deseando que saliera bien librado no porque lo mereciera, si no porque la mafia naranja se saliera con la suya. A las once y quince de la noche, la votación quedó: setenta y nueve a favor, diecinueve en contra y veintiún abstenciones, es decir las necesarias para no alcanzar las ochenta y siete que degeneran en la vacancia. No estaba en los cálculos de nadie que Kenji Fujimori y otros nueve congresistas de su bancada iban a voltear el marcador con tuit a la medianoche alucinándose el Rey León, quedando clara la jugada que el Perú sufriría sesenta y siete horas más tarde.

Para quienes creían que a Kuczynski o a sus asesores les faltaba olfato político, indultar a Fujimori a poco de la Nochebuena fue una jugada que juega a favor de su permanencia en el poder. Primero, porque eligió una fecha en que la opinión pública está medio adormecida por las fiestas. Por más que el chocolate y el panetón hayan tenido sabor amargo para muchos, las protestas tendrán un efecto tibio por estos días de celebración y resaca y cuando la gente vuelva a involucrarse en el acontecer nacional en los primeros días hábiles de 2018, medio a que se habrán acostumbrado a que uno de los hombres más odiados del país se encuentre suelto en plaza. Segundo, porque si bien se acaba de granjear el repudio de los antifujimoristas, agrupados básicamente en los sectores de Izquierda, hace buen tiempo que sus otrora aliados del Frente Amplio y de Nuevo Perú que se oponen a su gobierno neoliberal, así que políticamente no ha perdido mucho. Tercero, y más importante, porque con el apoyo de Kenji y de los otros nueve naranjas disidentes (y se prevé que habrán más) ha ganado un nuevo aliado fuerte para su fuero y ha traído por los suelos al principal bloque opositor con lo que Keiko y sus huestes, sus principales enemigos, han perdido peso político y posición para hacerle daño. El famoso divide et impera pronunciado por Julio César hace más de dos mil años vuelve a cobrar plena vigencia en el Perú de hoy y le permitirán al presidente respirar tranquilo... al menos por un tiempo. 

Si bien este indulto convenido causará daño y propiciará luchas internas por el poder dentro del seno del fujimorismo (no hay mal que por bien no venga), considero que por los crímenes cometidos, por ser uno de los presidentes más corruptos de la historia y por habernos envilecido cultural y socialmente, Alberto Fujimori merecía podrirse en la cárcel, pero confío que el Destino o la llamada  ‘justicia poética’ ya le pasará factura por lo que le falta pagar.

Si eres de los que siente asco por estas maniobras y que se siga gobernando para los lobbies y los grandes negociados en detrimento de la salud y calidad de vida de los peruanos, piensa que la madeja de Odebrecht recién comienza a desenredarse y nombres como el de Keiko, Alan y varios congresistas pronto se verán sacudidos por los testimonios que los involucran y quizá tengamos la suerte de verlos tras las rejas. Si eso no sucede, al electorado de 2021 nos corresponde identificar a todos los políticos con rabo de paja de derecha, centro o izquierda y si no se les puede encarcelar, al menos defenestrarlos a través del voto ciudadano consciente. Si volvemos a colocar los mismos nombres cuestionados, nosotros mismos seremos los culpables.   

lunes, 4 de diciembre de 2017

¡campeones!

La última vez que Alianza Lima se coronó campeón fue frente a Cienciano en un ya lejano 27 de diciembre de 2006. Tengo motivos personales para recordarlo bien. Esa noche bauticé a mi Alfi en el templo de Nuestra Señora de Alta Gracia en la Urb. Primavera-Trujillo y durante toda la ceremonia un audífono casi imperceptible que colgaba de mi oído me mantuvo más pendiente de lo que acontecía en Matute que en las palabras del párroco. De allí que seguro mi hijo mayor me haya salido medio hereje y yo tenga a Alianza como mi suprema religión. 

En los cuarenta y seis años que estoy próximo a cumplir, la institución íntima ha sumado nueve títulos. Tres de ellos no los recuerdo. En 1975 tenía poca edad y en el bicampeonato de 1977-1978 vivía más interesado en animes como Meteoro o Fantasmagórico. Empero mi primer recuerdo de mi equipo viene del siguiente año, de la Copa Libertadores 1979 que nos tocó enfrentar a equipos brasileños —Guarani y Palmeiras— y que a pesar de no cosechar ni un puto punto, en el Clásico que perdimos y toda mi familia hinchaba por Universitario, en un gesto de rebeldía elegí hacerle barra al equipo de uniforme blanco y negro —el televisor Westinghouse de mi casa era en B/N—, una actitud que nació en definitiva por darle la contra a mi viejo, una broma que luego tomaría en serio y que sin imaginarlo, con el correr del tiempo iba a formar parte de mi vida. 

El primer título de Alianza que disfruté fue el de 1997, una tarde de media semana. Mi viejo ya se había ido de la casa y yo lo vi con él, en su propia sala. Un 0-5 contundente frente al Atlético Torino en la calurosa Talara, puso fin a una sequía de diecinueve años sin títulos. Cuatro años después, de nuevo en la casa de mi viejo, vi a Alianza ganar por penales al Cienciano el título del Centenario. El bicampeonato de 2003-2004 los vi con mi suegro en su casa (cuando todavía no me casaba) donde los agarramos de hijos al Sporting Cristal. 

No recuerdo el subcampeonato de 1982. Si bien ya me gustaba ver fútbol por televisión, los canales no apostaban por transmitir el torneo local. De 1983 recuerdo la desastrosa campaña en la Libertadores frente al América de Cali y el Tolima y de 1984 la soberana paliza 11-0 contra el Sport Pilsen de Guadalupe, con hat-trick de Cubillas. En 1985 debo reconocer mis simpatías viraron hacia el Mannucci de Calín Delgado y Pocho Valdez. Fue la única vez que me alegré por una derrota de 0-1 de Alianza, en una tarde lluviosa en el Mansiche en que vi pasar delante de mí a Jaime Duarte con cara de pocos amigos, había sido expulsado de la cancha.

En 1986-1987 mi interés se depositó en la Juventus de Michel Platini (mi máximo ídolo). Los partidos de la Serie A italiana eran transmitidos los domingos en la mañana por TV Perú con la locución de Raúl (“Se sienten pasos en el arco…”) Maraví. Ese 1986 pisé el Alejandro Villanueva por primera vez para ver con mi primo Cuqui (hincha de la U) el partido de despedida de Cubillas. A mediados de ese año, ya aficionado a escuchar los partidos a través de la radio escuché a Alianza perder por primera vez un partido decisivo por penales frente a la San Agustín. A fines de ese año los blanquiazules ganaron el Descentralizado y forzaron un partido definitivo frente a los agustinos en enero del siguiente año, partido que escuché por radio en la casa de Renzo Vinatea frente a la plazuela de Huanchaco y que perdimos 0-1 con gol del ‘Burrito’ Ziani. No sabía que sería la primera de muchas finales sufridas. 

La final de 1987 se disputó a fines de marzo de 1988. La Libertadores frente al Peñarol y el Sport Progreso y la posterior tragedia del Fokker fueron los vectores que me hicieron asumir mi aliancismo con total convicción. El título lo perdimos 0-1 frente a la U que entrenaba Oblitas. Recuerdo de ese partido a un hincha grone disfrazado de gallina saltando en la pista atlética, una banderola crema agradeciéndole a Samuel Eugenio por su garra, a José Velásquez saliendo expulsado de la cancha. No me acuerdo más nada. Era el comienzo de un periodo oscuro para los victorianos, con ‘Clásico de la Vergüenza’ incluido. Habría que esperar hasta 1993 para que Alianza volviera a levantar cabeza con los llamados ‘potrillos’ (en homenaje a Lucho Escobar), subcampeonato al ganarle por penales a Cristal y Waldir Sáenz anotando treinta y un goles ese año, sin sospechar todavía que estaba camino a convertirse en el goleador histórico del club. 


El subtítulo de 1994 se consiguió con golazos de Jayo en un Clásico. El de 1996, por el punto adicional al quedar segundos en el Descentralizado. El de 1999 una mala noche del  ‘Loquito’ Del Mar nos costó que la U nos derrotara 3-0 en el Nacional y a pesar que ganamos 1-0 en casa, no pudimos evitar que nuestro máximo oponente diera la vuelta en Matute. Tendría que pasar una década para  ‘lograr’ un segundo puesto más, el de 2009 frente al Universitario de Nolberto Solano que se mostró muy superior a lo largo de la temporada (nos ganaron en los cuatro Clásicos). Si bien todos los segundos puestos duelen, creo que ninguno de los mencionados se compara con el de 2011 frente al Aurich a quien se le ganó muy bien en Chiclayo, se perdió 0-1 de forma absurda en Matute (y Coco Bazán se ganó la animadversión de la hinchada por su expulsión), se disputó un tercer partido que terminó 0-0 tras 120 minutos y perdimos en la tanda de penales. Si este último domingo cada hincha blanquiazul estuvo nervioso en estadio lleno, frente a un rival pequeño como el Comerciantes Unidos, fue porque arrastrábamos el trauma de seis años atrás, trauma que con dos oportunos goles de Gabriel Leyes nos pudimos aliviar.  

Tuvieron que pasar pues once años, una década en que la comunicación a través de redes sociales ha hecho que el mundo cambie. Cuando Alianza campeonó por última vez no existía Facebook ni memes hirientes, ya habían blogs como este que comencé a alimentar a partir de 2008. Tuvimos que soplarnos tres títulos del Cristal, tres de un bisoño San Martín que se convirtió en ‘nuestra sombra blanca’ (como antaño lo fue el Centro Iqueño), dos de la U y uno del Aurich y uno del Melgar. Vimos a Alianza golear 4-1 al Estudiantes de la Plata en lo que debe ser el mejor partido en nuestra historia en la Libertadores. Tuvimos que soplarnos tres Olimpiadas, dos mundiales, los ocho años de gobierno de Barack Obama, el primer presidente ‘grone’ de Norteamérica, tuve que ver el nacimiento de Claudio, mi segundo hijo, que a pesar de sus limitaciones lexicales pronuncia: ¡Vamos, Aliasia!, me acompaña con más fidelidad en los partidos que su hermano mayor. Tuvimos que soportar las burlas de todas las tiendas repitiendo al unísono: ¡Se viene el quino!”, al igual que en los periodos de sequía de 1933-1948 y 1978-1997 y que felizmente no vamos a ‘celebrar’. 

Aparte de los picones extremos, me da gusto que la mayoría de mis amigos rivales reconozcan que Alianza Lima fue el mejor. Mérito de la dirigencia que limpió el camerín de tanto argollero que se creía dueño del club y de Bengoechea que al estilo uruguayo sacó provecho de un equipo barato y limitado (cuyo presupuesto es 50% menor que el de la U y Cristal), sin buenos laterales y un centro delantero, volviéndose muy poderoso de local donde no perdió ningún partido. Con el título número veintitrés en la rica historia íntima cerramos pues un 2017 espectacular en el balompié nacional, año en que Sport Boys regresó a Primera División y Perú volvió a clasificar a un Mundial. Como dicen, están pasando cosas y podemos en 2018 aspirar a más.             

viernes, 24 de noviembre de 2017

universo transmedia: las nuevas fronteras de la comunicación

El transmedia según Jenkins.
Han transcurrido catorce años desde que Henry Jenkins, académico del MIT, acuñó el término ‘Transmedia Storytelling’ para un artículo publicado en el Technology Review donde sostenía que el uso coordinado de la narración a través de diversas plataformas puede hacer más atractivos a los contenidos. Este ha sido el punto de partida para nuevas formas de comunicaciones integradas que tienen como objetivo principal la interacción de las audiencias fundamentalmente a través de las redes sociales.

La Gioconda de Duchamp.
El fenómeno transmedia, sin embargo, no es nuevo. El colombiano Carlos Obando Arroyave en su conferencia magistral en el UNTCOM (Reflexiones en Comunicación para la Investigación) mencionó a Marcel Duchamp como precursor de este tipo de contenidos al modificar el contenido clásico del arte al atreverse a dibujarle bigotes a La Gioconda en la década de 1930. Yo creo más bien que encuentra su desarrollo en la Industria del Espectáculo y Entretenimiento cine, cómic, televisión— con personajes como Tarzán de Edgar Rice Burroughs, los superhéroes de la DC Comics o Marvel Comics, los personajes de Walt Disney —con parques temáticos incluidos— o las sagas de Star Trek, Star Wars o Indiana Jones que traspasaron la pantalla para interactuar con sus fanáticos a través de otros formatos como series, dibujos animados, juguetes, objetos de merchandising, etc.

Afiche del UNTCOM.
Lo que la web 2.0 ha originado es que ese niño o adolescente que jugaba por ejemplo con sus muñecos de Darth Vader o Luke Sywalker y se entretenía creando su propia historia de ficción, ahora pueda expresar y compartir sus ideas lúdicas lanzándolas a través de la nube sin tener que preocuparse por derechos de copyright. Las nuevas plataformas digitales —que han tenido un crecimiento exponencial con las pantallas táctiles— han permitido que proliferen lo que Jenkins llama ‘prosumers’, neologismo que combina el término ‘consumidor’ con el de ‘productor de contenidos’. Hoy, miles de personas comunes y corrientes de distintas partes del orbe, cuentan con las herramientas necesarias para que ellos mismos autogeneren sus propias narrativas, invadiendo las redes con elementos viralizables que se comparten de manera profusa, difusa y, a veces, confusa, la mayoría de veces anónimas, irresponsables y casi subversivas.

Con la explosión del transmedia, el premonitorio eslogan de YouTube: “Broadcast Yourself” cobra absoluta vigencia. La tecnología ha hecho de la comunicación una de las actividades más democráticas del mundo, transformándola en un mecanismo digital que viene apabullando y menoscabando a las formas tradicionales o analógicas de información y entretenimiento. Los comunicólogos o especialistas en Ciencias de la Comunicación han encontrado en las nubes de almacenamiento una dura competencia. Hoy, cualquier tipo puede asumir la comunicación como una actividad colateral a su formación profesional, convirtiendo a la comunicación en la profesión sin título con mayores cultores a nivel mundial.   

Tomando el título de Robert Fidler, gracias a la narrativa transmedia vivimos en un proceso de mediamorfosis en el que no se vislumbran cuáles serán sus alcances o hasta dónde se van a expandir las nuevas fronteras de la comunicación.           

sábado, 18 de noviembre de 2017

clasificamos... aunque usted no lo crea


De repente se producen hechos que toman tiempo digerir, de acostumbrarse, de dilucidar si se trata e ficción o realidad, sean malévolos (la gran mayoría) o benévolos. Asimilar que PERÚ CLASIFICÓ A UNA COPA DEL MUNDO suena a broma cruel en un país históricamente perdedor, a burla del destino, a una paradójica confusión de roles. Tanto escepticismo no es gratuito. Llega amamantado por treinta y seis años de frustraciones (1), tragándonos goleadas inmisericordes. Por contar con dirigentes corruptos de poco peso internacional y entrenadores alcahueteros haciéndose de la vista gorda por los jugadores que prefieren la juerga antes que la concentración. Por las primeras planas triunfalistas o por los periodistas criticones o ayayeros. Por contar con una de las hinchadas más tibias del mundo (2). Por tener una liga profesional con pocos clubes serios. Por mantener un esperpento como la anacrónica Copa Perú que de fútbol macho tiene poco y de mafia mucho. 

Como peruano e hincha de Alianza (3), el fútbol lorcho es algo que me duele, que me lacera el alma, que me aplasta contra una muralla de derrotas. No obstante, en cada Eliminatoria me aferro como muchos a la esperanza y me mantengo hasta el pitazo final, aferrándome, como náufrago a una tabla, a las matemáticas, a los resultados inverosímiles, a un gol que nunca he de gritar. El proceso a México '86 comenzó mal. Perdimos e igualamos con Colombia por lo que ganarle y empatarle a la Argentina de Maradona no nos sirvió de nada. Para Italia '90 no sumamos ni un miserable punto. Incluso Bolivia nos ganó en el Nacional. La Eliminatoria de USA '94 encontró a una albirroja acostumbrada a quedar en el sótano de Sudamérica. Cinco derrotas y un empate fue el saldo paupérrimo. La situación mejoró para Francia '98. Dimos pelea, nunca perdimos de locales y quedamos fuera por diferencia de goles, igualamos con Chile en puntaje pero ellos nos golearon 0-4 con la dupla ofensiva Salas-Zamorano que era muy superior a la Maestri-Carty. En el nuevo siglo el panorama se mantuvo igual de sombrío. Octavos para Corea-Japón 2002. Novenos para Alemania 2006. Últimos para Sudáfrica 2010. Séptimos para Brasil 2014 (4). Siempre lejos de siquiera arañar el repechaje. 

Para Rusia 2018 y contando con un entrenador melenudo cuyo currículo es haber sido él que nos dejó de la máxima fiesta con un gol medio dudoso en 1985 (5), iniciamos el camino con un cúmulo de desaciertos que llegaron al paroxismo con el empate 2-2 con Venezuela en casa. Cuando parecía que ya estábamos ante otra eliminación anticipada, gracias a que tuvimos para experimentar una Copa América Centenario, el comando técnico se la jugó por elementos emergentes de nuestro medio antes que por las ‘vacas sagradas’ del Extranjero y la selección tuvo un nuevo despertar con nombres impensados como Trauco, Ruidíaz o Flores y con ellos conseguimos un soberbio e histórico 1-4 frente a Paraguay en el propio Defensores del Chaco. Aún así todavía estábamos muy lejos de los primeros lugares y para acercarnos necesitaríamos una ayudita fuera de la cancha por parte de Chile que reclama ante la FIFA los puntos que perdieron tras empatar con Bolivia de local por la inclusión del paraguayo Nelson Cabrera (6). Como esta irregularidad —de la que nadie en el Perú se percató— había sido cometida también contra nosotros en el partido que perdimos 0-2 en La Paz, nos vimos de repente por decisión de Zúrich y reafirmada por el TAS, reacomodados en la tabla y comenzamos un 2017 impensado para todos en el que no perdimos ninguno de los ocho partidos disputados por Eliminatorias, ganando cuatro y empatando cuatro, la media exacta para estar en el mundial (7).

En el balance general, Perú era más equipo que Bolivia, Venezuela, Ecuador y Paraguay que perdió la clasificación de manera impensable en la última fecha al caer 0-1 frente a Venezuela en la propia Asunción, pero no éramos mejores que Chile que, jugador por jugador, es superior a nosotros, nos superaron en los dos encuentros eliminatorios e inexplicablemente se pusieron la soga al cuello cuando perdieron 0-3 contra Paraguay en Santiago. En el fútbol, las cifras valen más que los merecimientos y nosotros vamos a Rusia porque esos números que por fatalidad nos son tan esquivos —sumando somos los más burros— esta vez se pusieron de nuestro lado... aunque todavía me cueste creer.               
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(1) La prensa no se pone de acuerdo en si son treinta seis años tras el empate 0-0 frente a Uruguay en el Nacional el 6 de septiembre de 1981 o treinta y cinco años tras la goleada 5-1 que nos encajó Polonia el 22 de junio de 1982. Yo personalmente considero que son sólo treinta y dos años desde aquel 0-1 que perdimos en casa frente a Chile por el repechaje a México '86.  
(2) Alguien comparó por allí la pasividad de las tribunas peruanas con el público que asiste a un concierto de Gianmarco.
(3) Que en buen romance viene a ser lo msmo porque como reza la polka: Alianza Lima de La Victoria, Alianza Lima es el Perú
(4) Con Brasil de anfitrión, en las Eliminatorias de 2014 se enfrentaron sólo nueve países manteniendo Sudamérica sus cuatro boletos y medio (repechaje) por lo que el panorama asomaba asequible. “¡Si no la hacemos ahora, no la hacemos nunca!”, vaticinó mi gran amigo Juan José Bringas en una noche de cierre en La Industria. Menos mal se equivocó. 
(5) Dudoso porque la televisión anunció que había sido Pasarella quien anotó el gol que rebotó en el parante y recorrió caprichosa la línea blanca sin introducirse, Gareca empujó a Chirinos y la metió a la mala. A pesar de darles la clasificación, Bilardo decidió prescindir de sus servicios para el mundial del año siguiente. 
(6) Reclamo que a la larga les costaría a los chilenos la clasificación ya que ellos ganaron dos puntos y Perú tres, siendo determinante en la tabla final en que a pesar de igualar con los mismos puntos, los dejamos fuera por diferencia de goles. Nos cobramos la revancha de Francia '98. 
(7) Si bien empatar de visita siempre es un buen resultado para cualquier equipo, el 0-0 con Nueva Zelanda en Wellington originó muchas dudas en el aficionado, cuando lo racional era que Perú lograría con cierta holgura (en el juego) su clasificación. En las clases previas al partido les decía a mis alumnos que Perú ganaría por los siguientes motivos: a) Gareca jugó con un planteamiento conservador, a no perder, y aún así hizo daño; el planteamiento en Lima sería más ofensivo. b) Los ‘All Whites’ son bastante limitados, Perú demostró ser mucho más equipo. c) Con Chris Wood lesionado, sólo cuentan con Ryan Thomas para hacernos daño; un solo jugador es muy poco. d) Nueva Zelanda volvería a apostar por el ‘ratoneo’; eso le funcionó en Wellington porque la cancha tiene menores dimensiones que el Nacional, aquí les iba a costar ratonear porque serían más los metros que hombre por hombre tenían que cubrir. e) El viaje de Perú fue de dieciséis horas en un avión acondicionado con camas, el de Nueva Zelanda fue de treinta horas en un vuelo comercial y haciendo escala en Buenos Aires, por ende jugaríamos más descansados.

martes, 15 de agosto de 2017

a kike con cariño

Kike Caro, Miki Ganoza y sus
alumnos de la
Promo XXVIII del SJO.
Todos los colegios tienen un profesor emblemático, un maestro cuyas enseñanzas dejan una huella imperecedera en sus discípulos. En el San José Obrero-Marianistas de Trujillo ese sitial le corresponde por canasteada a Enrique Caro White.

Personaje de vastísima cultura, su materia fuerte era la Historia Universal —uno de esos cursos humanistas expectorados por Fujimori de la malla curricular— donde se explayaba a su regalado gusto, embelesando a su corta (por edad) audiencia pasando revista como pocos de las andanzas de egipcios, griegos y fenicios en Primer Año, de ostrogodos, francos y visigodos en Segundo, la Revolución Francesa en Tercero y las Guerras Mundiales en Cuarto. En Quinto dejaba la historia y nos enseñaba Filosofía y Lógica, mismo Platón a unos improbables Aristóteles. Kike Caro era un orador elocuente, de un verbo cultivado, que matizaba sus lecciones programadas con temas de actualidad como la perestroika, la rebelión estudiantil en la plaza Tiananmén o incentivando el debate con el estreno de películas que valía la pena ver como The Mission o Le nom de la Rose. Su método pedagógico era la exposición prolongada —setenta minutos en promedio— en los que nadie se le hubiera ocurrido interrumpirle, acto que podía costarte un severo pellizco que te dejaba el hombro moreteado y adolorido por el resto de la semana. Cuando el maestro dictaba su clase, todo alrededor se callaba. Con él se cumplía a la perfección el eslogan de Pioneer: “El resto es silencio”.

De elevada estatura y cabello canoso prematuro, no recuerdo haberlo visto alguna vez con terno en clases, marcando diferencia con la mayoría de sus colegas. Su vestimenta usual era un polo con cuello que marcaba muy bien su porte atlético —amante de la playa, practicaba natación—, no necesitaba de corbatas para lucir elegante e impresionar con su espigada presencia. Tampoco era muy amigo de utilizar la pizarra, quizá por evitar embadurnarse los dedos con tiza, menos de revisar cuadernos y esas cojudeces por el estilo. Lo suyo, reitero, era la verborrea. Hablaba con una letanía que me imagino adquirió en sus tres años de seminarista en España donde le faltó muy poco para recibirse de sacerdote. Contrario a demostrar afectos por algo o por alguien, nunca le escuché algún comentario zalamero, lo suyo era la crítica punzante y el sarcasmo oportuno. La admiración que despertaba por sus conocimientos y por su franqueza al parlar hizo que se ganara el cariño el respeto en el aula de muchas promociones de sanjosefinos, convirtiéndose por absoluta mayoría en el profesor referente, el número uno, el invitado estrella de todos los reencuentros de ex alumnos y clases del recuerdo. En la última de ellas, le dejó a mi Promoción una instrucción memorable: “disfruten de este momento porque la felicidad no es eterna, está constituida por instantes como estos”.  

Vecino cercano del centro histórico de la ciudad, era común por las noches verlo recorrer sus calles, sea para ir al cine —iba solo como buen cinéfilo que se respete— o para recorrer estaciones en Semana Santa, porque si bien era un voraz consumidor de Voltaire y otros autores heréticos, nunca dejó de ser un hombre creyente. Cuando me mudé cerca de Albretch, tuve la fortuna de disfrutar de sus prodigiosas chácharas, sobre todo en los últimos veranos cuando sacaba a mis hijos al parque y Kike se sentaba conmigo en una de las bancas para hablar de política, literatura, chismes de las rancias familias trujillanas y, sobre todo, de cine. Nunca se lo dije, pero gracias a esa manera tan minuciosa que tenía para graficar las escenas de tal o cual película, con un brillo goloso en los ojos, augurando un suculento placer audiovisual, es que después pude disfrutar de Teorema de Pasolini o Straw Dogs de Peckinpah. La última película que me prestó fue The Secret of Santa Vittoria con Anthony Quinn y Anna Magnani, quedó pendiente prestarme Du Rififi chez les hommes y seguro tendré presente sus descripciones cuando tenga oportunidad de verla.

Nunca leí ningún escrito de Kike. No sé, ni le pregunté, si alguna vez había escrito algo, pero presumo por la calidad de expresar y defender sus ideas que hubiera sido un excelente analista político, a la par de un consumado crítico de arte. Lástima que no se le ocurriese tener una columna en cualquier medio masivo. Hace unos meses, tras diagnosticarle y tratarse del cáncer al estómago, nuestras conversaciones giraban, irremediablemente, sobre su enfermedad y el agradecimiento que les tenía a sus alumnos que se habían portado de maravilla con él. En el verano lo vi con unas cajas de leche y tuve la osadía de preguntarle: “¿No te han prohibido la lactosa?”, a lo que tajante me respondió: “¡Siempre he tomado leche y me moriré tomando leche!” a lo que le di la razón, privarse de lo que te gusta en las postrimerías no tiene sentido.  

Hace cuatro días lo vi de pasada en la calle, a dos cuadras de su casa, frente a la estación de bomberos. Caminaba despacio, arrastrando los pies, con una bolsa llevando no sé que diablos. Lucía delgado, con el rostro sin afeitar y algunas llagas en los labios, pero su tez ya no tenía ese color cenizo de hace unas semanas, si no su rosado natural, y la chompa roja de lana delgada con cuello en V le quedaba bien puesta, como siempre. El apuro sólo permitió que me dijera un escueto: “Todavía sigo andando” y yo, tomándole de los antebrazos, me despedí con un “¡Fuerza, Kike!”, sin imaginar que sería la última vez que cruzaríamos palabras. Hoy martes 15 de agosto, Kike Caro, el caminante infatigable, ha tomado a los setenta y siete años la ruta que, tarde o temprano, docentes y discentes tendremos que tomar. Nuestro profe, por fin, ha dejado de enseñar.